
El proyecto de reparación de la vía primaria y la primera etapa de pavimentación de una calle secundaria benefició a cerca de 200 habitantes, según datos oficiales. Con una inversión de más de 1.7 millones de lempiras, los trabajos incluyeron no solo la colocación de concreto hidráulico, sino también la construcción de drenajes, bordillos y señalización, elementos que durante años estuvieron ausentes en la zona.
Para el alcalde, Omar Gianacarlo Rodríguez, la obra representa más que una mejora vial. “Este tipo de proyectos son fundamentales para embellecer a nuestras colonias del municipio. No se trata solo de pavimentar calles, sino de generar condiciones dignas para la gente”, afirmó.
Sin embargo, en la colonia, el significado del proyecto se mide en experiencias cotidianas. Antes de la intervención, las lluvias convertían la calle en un obstáculo casi intransitable. “Aquí uno salía con zapatos limpios y regresaba con los pies llenos de lodo”, recordó Rosa Martínez, residente desde hace más de una década. “Ahora ya es diferente, ya no da pena que alguien venga a visitarlo a uno”.
La obra fue ejecutada en un período de 80 días y forma parte de un plan municipal más amplio orientado al crecimiento urbano. En sectores como la Colonia 1 de Mayo, donde la expansión ha sido rápida y en ocasiones desordenada, la infraestructura suele ir rezagada frente a las necesidades reales de la población.








Ahora, con la calle terminada, el cambio es inmediato pero también simbólico. El concreto no solo facilita el tránsito: redefine la relación de los vecinos con su entorno, con su movilidad y, en cierta medida, con las instituciones.
El desafío, como señalan tanto autoridades como residentes, será sostener ese cambio en el tiempo. Porque en comunidades donde las promesas han sido frecuentes, la verdadera transformación no se mide en inauguraciones, sino en lo que permanece cuando el acto oficial ha terminado.
